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Pegada de carbono

Sabes canto contaminas?

Si te interesa la ecología o te preocupa el cambio climático es más que probable que alguna vez te hayas hecho esta pregunta. No eres el primero ni serás el último, de hecho existe una manera de medir cuánto contaminas: la huella ecológica.

La huella ecológica

Para que te hagas una idea de lo frecuente que es preguntarse cuánto contamino o cuánto se contamina para producir un producto, en 1996 se acuñó el término huella ecológica para poder estimar la respuesta y comparar cosas entre sí. ¿Es mejor ir en coche a la compra una vez al mes o pedir que me la traigan a casa con la misma frecuencia?, por ejemplo. Pista, por lo general se contamina menos si te traen la compra a casa porque se usa una misma camioneta para varios repartos cercanos.

La huella ecológica mide cuánto contamina algo o alguien y lo hace comparando cuánta superficie de terreno productivo se necesita para obtener los recursos y cuánto para poder absorber los residuos que se generan con ello.

Parece sencillo, pero calcular la huella ecológica de algo implica tener en cuenta muchas variables. Es más que ver qué se necesita para preparar una paella y para depurar el agua que va por el fregadero, se trata de ver cómo están empaquetados el arroz y los demás ingredientes y cómo han llegado hasta tu casa, así como el proceso de producción e, incluso, el tamaño de lo que compras. Contamina menos comprar un paquete de 2 kg de arroz que dos paquetes de 1 kg cada uno.

Si te fijas, además de los envoltorios se debe tener en cuenta el medio de transporte de un producto, siendo muchas veces lo que más influye en la huella ecológica de cualquier cosa que necesites consumir. ¿Por qué sucede esto? Porque, por desgracia, casi todos los países continúan dependiendo de los combustibles fósiles y de otros procesos de combustión, que emiten gases responsables del efecto invernadero.

¿Cómo reducir tu huella ecológica de forma sencilla?

En principio, no puedes influir en el proceso de producción de las cosas pero sí en qué eliges en el mercado o cómo te mueves en tu día a día.

Piensa en los combustibles fósiles. Aunque existen coches eléctricos, continúan consumiendo energía que sale de algún sitio, muchas veces de la combustión de metano o de petróleo. Ahora piensa en tus desplazamientos durante una jornada laboral y en los fines de semana.

Los días laborables mucha gente acude a su puesto de trabajo en la misma localidad donde vive. ¿De verdad necesitas usar un coche o un autobús para ir y volver? Muchas personas no, pero lo usan y después necesitan pagar un gimnasio para hacer bicicleta estática o usar la cinta de andar. Y el gimnasio gasta en luces, hilo musical, aire acondicionado o calefacción, etcétera.

Aunque hay excepciones, resulta mucho más sostenibles desde el punto de vista medioambiental y para tu bolsillo recorrer esa distancia a pie o, si nos ponemos en trayectos un poco más largos, en bicicleta. Sí, como se hacía antes. ¿Veías mucha gente obesa en los años 60, 70 u 80? Pues la gente no iba a los gimnasios, en general, y había muchos jóvenes y no tan jóvenes que acostumbraban a ir a pie a todos los sitios posibles.

Una vez reduces tus emisiones de gases causantes del efecto invernadero, que se deben en gran medida al transporte cuando hablamos de personas o de hogares, toca revisar la cesta de la compra. Acostúmbrate a consumir productos de temporada y, siempre que puedas, de proximidad. Si vives en un barrio que no sea el centro comercial de una gran urbe casi seguro que encuentras comercios con estos productos, y si resides en pleno centro puedes plantearte acudir a alguno de los mercados de productos frescos, donde obtienes productos de calidad a mejores precios, con solo dar un paseo de ida y otro de vuelta.

A la hora de comprar libros o prensa, párate a pensar. Hay libros que usamos repetidamente y pueden resultar más ecológicos en papel, pero la mayoría contaminan mucho menos si se usan en formato digital, aunque necesites comprar un e-reader. La cuestión para contaminar menos sin dejar de usar lo que se necesita es adquirir aquello que no va a quedar abandonado en un rincón al poco tiempo, bien sean libros, revistas o ropa de vestir. Y si esto sucediera alguna vez, no lo tires, regálalo a alguien que lo necesite o véndelo con alguna de las muchas opciones que ofrece ahora internet.

Reducir tu huella ecológica es bueno para el planeta y para tu economía personal. A veces, también para tu salud. ¿Necesitas más motivos para cambiar algunos hábitos?